Capítulo 2
Así transcurrió una semana. Mis vecinos me trataron muy bien, como si fuese su hija, ayudándome en todo lo que podían. Durante esa semana, la policía llamó algunas veces, preguntándome cosas que habían olvidado y necesitaban saber. Les di una descripción de mis padres tan detallada como pude, y también fotografías de ellos. No pasó mucho tiempo hasta que recibí una visita de la policía, pidiéndome que les acompañara. Yo, por supuesto, dije que sí, pero me extrañaba que no me dijesen a dónde me llevaban. Se lo pregunté a un policía, y me dijo que durante el trayecto me lo explicarían.
Y así fue. Durante el viaje me contaron que habían encontrado dos personas, hombre y mujer, con una descripción que coincidía con la de mis padres. Resultó ser que habían sufrido un grave accidente de coche, y que estaban en un estado semicomatoso, y por eso aún no se sabía quién eran. Cuando me lo contaron, me quedé estupefacta. No podía creerlo, estaba segura de que los policías estaban equivocados, era imposible que mis padres hubiesen tenido un accidente. A lo mejor se habían ido de viaje y se les había olvidado contármelo, o había muerto algún familiar, cualquier cosa antes que eso. O a lo mejor aún estaba soñando, puede que todo eso fuese sólo una pesadilla. Pero ni yo me lo creía, era todo demasiado real para que fuese sólo una broma pesada que me había gastado mi imaginación.
Fuimos al hospital donde estaban las dos personas que podían ser mis padres. Cuando bajé del coche de policía, estaba como en un estado de shock. Como si estuviera en un sueño, fui andando hasta la habitación, guiada por una enfermera y seguida por un par de policías. Cuando entré, solo necesité echar un breve vistazo para darme cuenta de que eran mis padres. A partir de eso, no recuerdo nada más, lo único de lo que puedo acordarme es que todo se puso negro de repente, y que oí voces gritando alarmadas.
Me despertó un pip...pip...pip, que yo creía que era de mi despertador, pero resultó ser del monitor que contaba mis latidos. Entonces caí en la cuenta: mis padres habían tenido un accidente, yo me había desmayado y en ese momento estaba tumbada en la cama de la habitación del hospital donde estaban mis padres. Era demasiada información de golpe, demasiado para poder comprenderlo todo, para llegar a entenderlo. De manera que dejé que me venciese el sueño, y volví a caer en la oscuridad.
Cuando me desperté, mucho más descansada, ya había empezado a digerir todo lo que había pasado. Estuve un rato tendida, hasta que entró una enfermera, y le pedí si podía ir a ver a mis padres. Era reacia a hacerlo, pero accedió a dejarme hablar con el doctor, quién me dijo que podía ir a verlos y que, si continuaba recuperándome, me daría el alta. Él me acompañó hasta la habitación donde estaban mis padres, y cuando entramos, vi que me vigilaba atentamente para ver mi reacción. La imagen que vi me impactó, pero no hasta el punto de desmayarme. Para que el doctor no se preocupara, puse cara de póquer, aunque por dentro me sentía hecha añicos.
Pero mantuve la compostura, y le pregunté al doctor sobre el estado de mis padres. Él me dijo que estaban estables, que no había cambios, pero que se recuperarían. Eso no me consoló mucho, ya que no puso una cara muy convincente. No me dejaron estar más rato con ellos, y tuve que volver a mi habitación, donde me esperaban visitas. Mis vecinos, los que habían estado cuidando de mí, habían venido a ver qué tal estaba. Les dije que muy bien, y me quedé hablando con ellos, aunque yo no estaba para el tema y no tardaron en irse.
Pasé mi última noche en el hospital despierta, preocupada por mis padres e inquieta, leyendo y sin conseguir dormir en toda la noche. Estuve a punto de volver a ir a ver a mis padres para ver si mejoraban, aunque en el fondo me daba cuenta de que el hecho de que estuviera allí no iba a ayudarles en nada. Al final decidí no hacerlo, ya que sólo serviría para empeorar mi estado de ánimo. A la mañana siguiente me dieron el alta, y volví con mis vecinos, que habían venido a recogerme. Estaba muy fatigada, ya que la noche anterior no había pegado ojo. Cuando llegué a su casa, aunque aún era de día, decidí tumbarme un rato para descansar. Sólo necesité un instante para quedarme dormida.
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