Capítulo 3
Y otra vez el mismo sueño. La única diferencia con la vez anterior era que en ese momento recordaba otro fragmento, que se sumaba al anterior, como una especie de historia. <<Continuaba paseándome por el hospital, pero, a medida que iba andando y sin darme cuenta, todo iba cambiando lentamente, y el hospital se transformaba en una estación de tren. Había un tren parado en el andén, y algunas pocas personas se subían. De lejos, vi a mis padres subiéndose al tren, y eso me produjo nerviosismo. Continué acercándome, y vi que uno de los dos (no logré distinguir cuál), se bajó. Me angustiaba pensar que el otro aún estaba dentro del tren. Ahora ya no camino, sino que corro despacito. Veo que el tren se pone en marcha, y que mi otro padre aún no ha bajado. Me entra pánico, y echo a correr tan deprisa como puedo hacia el tren. En ese momento me doy cuenta que la persona que había notado que me acechaba en el hospital continúa detrás de mí, siguiéndome discreta y sigilosamente>>. Y una vez más, fui incapaz de comprender el significado del sueño.
Al cabo de unos días de que me dieran el alta, recibí una llamada del hospital. Me informaban de que parecía que mis padres se estaban recuperando, lo que me dio una gran alegría. Fui a verlos esa misma tarde, y continué visitándoles cada tarde. Tenía que ir en tren, ya que mis vecinos no podían llevarme. Pero lo comprendía, y no me importaba, ya que ellos habían hecho mucho por mí.
Y así pasó una semana. Tenía la sensación de que todo era irreal, que era como una especie de farsa, era demasiado bueno para ser verdad. Y, para mi mala suerte, tenía razón. Una mañana, mientras estaba en el colegio, me avisaron de que mis vecinos me habían venido a buscar, y que tenía que irme sin perder un minuto. Todo eso me daba muy mala espina, y, cuando subí a su coche, les pregunté qué pasaba. Me contaron que habían recibido una llamada del hospital, diciendo que mi madre estaba empeorando rápidamente, y que tenía que acudir rápidamente. Cuando llegamos al hospital, mis vecinos no tenían tiempo para quedarse conmigo, así que tenía que volver en tren al salir. Pero en ese momento, mi preocupación más inmediata no era esa. Entré como un rayo en el hospital, y pregunté por el doctor que se encargaba de mis padres.
Cuando llegó el doctor, me llevó a una sala aparte, y me contó que habían hecho cuánto podían, pero que mi madre había fallecido hacía unas horas a causa de un derrame cerebral. No se explicaban cuál había podido ser la causa. El doctor continuó hablando, contándome todo lo sucedido, pero yo ya no le oía, ni reaccionaba a lo que me decía. Me preguntó algo, y al ver que no respondía me miró con preocupación. Pero ya todo me daba igual, y no llegué a sentir pena. Era como si no pudiera, como si mis emociones se hubiesen bloqueado. Le di gracias al doctor, y me fui del hospital como una zombi. Subí al tren y volví a casa. Cuando llegué me derrumbé. Todas las emociones salieron de golpe, y no podía con todas ellas. Mis vecinos no sabían qué hacer, no lograban consolarme, no podían aliviar mi dolor. Esa noche volví a soñar.
CHAPTER
